Autodefensa Informática 03: “Bytes y hertzios libres”

por | 27 Mayo, 2015

Intentemos imaginar por un momento el vértigo que produciría asomarse al abismo de la intimidad colectiva, a los archivos de la vida cotidiana que se conservan en los Centros de Datos de los proveedores de Internet, las operadoras telefónicas o las empresas de Silicon Valley.

Las montañas infinitas de fotos personales, el contenido de los mensajes de correo electrónico, nuestro historial de búsquedas, nuestros pagos con tarjeta de crédito, los registros de todas las llamadas telefónicas que realizamos, la relación de todas las veces que hemos pulsado «me gusta» en una página de Facebook…

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Imaginemos ahora que toda esa información, (que en muchos casos no querríamos compartir con nuestra pareja, nuestras amigas o nuestros familiares), está libremente a disposición de extraños que la almacenan y la analizan, sin necesidad de una justificación previa o supervisión judicial, sin que ni siquiera tengas derecho a saber de qué manera se está utilizando.

Imagina, además, que el simple hecho de adoptar medidas de autoprotección, como, por ejemplo, herramientas para cifrar tus comunicaciones, te coloca en una lista de sospechosas, te convierte en un objetivo que hay que seguir. Imagina vivir en un mundo en el que el poder presupone que quien quiere preservar su intimidad debe de tener algo que ocultar.

Esta pesadilla totalitaria ha sido pensada y ejecutada por las grandes democracias occidentales, con la necesaria colaboración de la industria tecnológica, quien les ha facilitado la construcción de la estructura de control más sofisticada de la historia de la humanidad.

La explosión digital, de los móviles a la Web 2.0, ofrece la oportunidad de radiografiar detalladamente, en un grado inédito hasta la fecha, la vida cotidiana y la actividad social de la mayoría de las personas: Nunca había sido tan sencillo interceptar datos personales; nunca había habido tantos datos personales que capturar.

Sabemos que operadoras de telefonía como Verizon han entregado a las autoriadades los metadatos de millones de llamadas telefónicas que permiten saber a quién ha telefoneado cada una, desde dónde y durante cuánto tiempo.

Sabemos
que, con el programa PRISM, las agencias pueden acceder directamente y sin necesidad de una orden judicial a los servidores de compañías como Facebook, Google, Skype, Apple o Microsoft, para interceptar datos como los historiales de navegación, el contenido de correos electrónicos o los archivos descargados.

Sabemos que la misma infraestructura física de Internet ha sido intervenida por medio de programas que, como el británico Tempura o el estadounidense Upstream, permiten «pinchar» los cables de fibra óptica que canalizan el tráfico telefónico y de datos.

Sabemos de la existencia de infraestructuras paralelas en las que la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense almacena datos personales para indexarlos y poder investigarlos con facilidad. Probablemente tardaremos años en comprender las implicaciones finales de las revelaciones hechas por Edward Snowden.

A corto plazo queda claro que, en la configuración tecnológica de Internet que utilizan millones de usuarias diariamente, cualquier sentido de la privacidad es ilusorio, a no ser que comencemos a utilizar software libre y herramientas de cifrado de nuestros datos.

No nos cansaremos de repetirlo:

¡¡SIN PRIVACIDAD, NO HAY LIBERTAD!!

En el programa de este mes:

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Formulario de socixs para Radio Almaina

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