Autodefensa Informática 30: “Vigilancia en la granja”

por | 13 diciembre, 2017

Decir que, si un servicio en Internet es gratuito es porque somos el producto, (es decir, pagamos con datos) ya empieza a ser un hecho muy reconocido por muchas personas que tenemos cierta consciencia del rastro de datos que vamos dejando con cada una de las actividades que realizamos.

El ejemplo de los servicios gratuitos de Internet es el más habitual, pero probablemente no somos conscientes del número de veces a lo largo del día que entramos en contacto con una tecnología que produce datos en los que se reflejan nuestros actos. Ya sea a pie de calle, en casa, en el trabajo o en los espacios comerciales, la ciudad del siglo XXI es una ciudad bajo vigilancia.

En nuestras casas, todos los electrodomésticos “inteligentes” construyen una enorme red de extracción de datos. Con ellos tratan de perfeccionar la imagen de quienes somos y qué deseamos, con el fin de adelantarse a nuestras necesidades y tentarnos a adquirir productos o servicios adicionales. Pagamos pues, dos veces: cuando compramos el electrodoméstico y cuando éste nos convierte en producto al revender nuestros datos.

En los espacios comerciales, si utilizamos una tarjeta de cliente, relacionan nuestro patrón de consumo con nuestro nombre, dirección y tarjeta de crédito. En el parking queda registrado nuestra entrada y salida. Y mientras paseamos por el centro comercial, miles de cámaras nos observan, y el Wi-Fi gratuito que nos ofrecen de forma tan generosa les sirve para recabar aún más información.

Llega la traumática hora de entrar a trabajar, y es probable que controlen nuestras entradas y salidas mediante tarjetas o, si son más modernos, mediante sistemas biométricos como huellas dactilares o reconocimiento ocular. Las cámaras de videovigilancia reconstruyen nuestros movimientos y comprueban el lugar en el que estamos en todo momento.

Al fin el momento de volver a casa. Si usas el transporte público, las tarjetas recargables producen datos sobre tus desplazamientos. En la parada de autobús o en el andén del metro hay cámaras de vídeo-vigilancia. Si utilizas la red de bicicletas urbanas registran tu trayecto y las horas de salida y llegada. O si vas en coche, los sistemas de reconocimiento de matrícula tanto en la calle como en los aparcamientos registran tus movimientos.

Pero si vas andando por la calle tampoco te libras. La telefonía móvil permite a operadoras y servicios de inteligencia saber tu posición y activar remotamente el auricular para usarlo como micrófono. Y millones de cámaras de vídeo-vigilancia siguen tus pasos por toda la ciudad.

Puede que a determinadas personas este panorama no les genere inquietudes, ya que pagar con datos abre la puerta a la promesa de servicios personalizados y atención individualizada. Sin embargo, el comercio de datos incluye también el tipo de información que puede determinar si se nos concede un crédito, si se nos ofrece un seguro médico más o menos caro o si conseguimos un puesto de trabajo. De repente, el precio pagado en datos se revela desproporcionado.

Cuando aceptamos ser el producto, pues, conviene no olvidar que aceptamos también que se nos pueda acabar dejando en el fondo de la estantería, escondidos e ignorados porque nuestro perfil no promete la solvencia, la salud o la obediencia que ofrecen los demás.

No es exagerado decir que hoy en día son pocos los momentos en que somos auténticamente entes anónimos. Posiblemente, si Orwell reescribiera su libro Rebelión en la Granja en la actualidad, cambiaría el título por Vigilancia en la Granja.

Todos estos datos recabados pueden ser, potencialmente, una amenaza para nuestra privacidad, si no tomamos las medidas adecuadas, de las que os hablaremos más adelante. Y recordad, también en la calle, ¡sin privacidad no hay libertad!

En el programa de este mes:

  • Editorial: Planteamos las situaciones de nuestra vida diaria en las que se van recogiendo datos sobre nuestros actos. Basado en el texto “Anonimízate“.
  • Nueva cuña: El Señor Don Gato revisitado.
  • Noticias:
    • China desarrolla tecnología para el reconocimiento facial masivo en el país, con el fin de implantar un “Sistema de Crédito Social”.

    • Las medidas de reconocimiento biométrico de Apple podrían no ser tan seguras como afirman.
  • Patente estúpida del mes: Google y sus patentes quieren liarla parda en los supermercados.
  • Otra cuña nueva: Instálate “Welcome to the jungle”, la nueva app para ser un auténtico héroe de la anti-vigilancia callejera… o no.
  • Software Libre: Bart, de Interferencias, nos hace reír y llorar contándonos los avances en vídeo-vigilancia y biometría.
  • Sección ocasional: Sabotaje, ese arte al alcance de todo el mundo para ponérselo difícil a quien quiere monetizar nuestras vidas.
  • Teatrillo: “Lo que perros y gatos esconden en el refajo”. Escalofriante documental que nos abre los ojos acerca de estos simpáticos briboncetes.
  • Música que suena en este programa: En la “Vieja GranjAlmaina, IA, IA, OHHH” han animaleado Titanium Sporkestra con “California über alles”, Scott Wood con “Chicken Rock”; The Atomic Fireballs con “Pango, pango”; Bob Bunny con “Scatty Cat”; Wes Dakus con “Dog food”, Fat Daddy Holmes, con “Chicken rock”; y The Singing Dogs, con “Hot Dog Boogie”.

nofb

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